martes, 10 de marzo de 2015

69. Tiramisú.

Me dió rabia. Podría dejarlo allí, decir que me dió rabia y olvidarme de eso, seguir con mi vida, no escribir nada, dejar así. Podría pero no quiero, y no solo porque me dio rabia y todavía me hierve la sangre sino porque necesito escribirlo.

Resulta que el domingo me trasnoché preparando un postre para hoy. Quería hacer algo realmente especial y rico, por eso compré todo lo que necesitaría para hacer un tiramisú. Empecé a hacerlo a eso de las 11. Como siempre, me lastimé la mano rallando el chocolate; como siempre, me quemé sacando cosas del horno; como siempre, me quedó delicioso.  Y, pues nada, le dediqué unas tres horas a hacer un muy buen tiramisú y me fui a acostar con dolores en la mano y la espalda.

Hoy salí particularmente temprano de la casa, no quería usar transmilenio porque, con los apretujamientos, me podían aplastar los moldecitos de tiramisú.  Estaban bien frios y el bus no se llenó demasiado, así que seguían teniendo buena temperatura y dureza al llegar a clases. Conseguí que me los guardaran en la nevera de la cafetería por un rato. Luego, a las seis, los fuí a buscar y los subí al salón.


El desastre fue a la hora de servirlo. Yo había olvidado llevar un cuchillo, y nadie tenía. Me acerqué a la señora mayor que parecía tener el pulso más firme y le pedí que me ayudara, ella dijo: "las mujeres somos siempre recursivas" y procedió a cortar el tiramisú con un sacacorchos.

¡¡¡CON UN SACACORCHOS!!!

Y luego lo sirvió en unas bases triangulares de esas de pizza, esto sí con mi aprobación porque no había platos.

El problema no es la señora, es que nadie se lo haya querido comer, desperdicié un 20% del tiramisu ofreciendoselo a gente que solo le puso mala cara y lo arrojó a la basura. Eso me dolió, mucho. Y me dió mucha rabia porque, ya de por sí, el día había empezado un poco mal con todo el asunto de que había escrito un texto para la clase que me había entristecido y dejado insatisfecho.