martes, 24 de febrero de 2015

55. Sobre ser errante.

Hace cinco años, casi seis, cree un blog llamado Odisea del errante. El nombre tenía mucho sentido en el momento porque había tenido que regresar a una ciudad en la que siempre me sentí extranjero, y más que extranjero quería ser errante. Quería ser un viajero del mundo sin hogar ni ataduras, que llevara todo su hogar siempre consigo, que nunca extrañara nada.  Quería ser el tipo de persona que se da tiempo antes de acceder a su destino, algo así como Ulises/Odiseo que peregrinó por 10 años antes de volver a Itaca, y que al día siguiente de haber regresado se montó un remo en el hombro y partió hacia el norte buscando más aventuras.

Hace cinco, casi seis, años, tenía sentido. Ahora no estoy tan seguro. Sigo siendo una persona que se siente fuera de lugar en todas partes, sigo sin sentirme parte de nada, sin pertenecer a grupos, sin extrañar el pasado. Sin embargo, ya no estoy seguro de si eso es lo que deseo para el resto de mi vida. Me asusta eso de transformarme y establecerme, pero creo que es hacia donde me dirijo. He estado haciendo más intentos de participar en clubes de lectura, en cursos de cosas que me interesan, he comprado cosas que no caben en una maleta y que me daría pena abandonar.

El secreto del errante exitoso es aprender a nunca pensar en el destino, en el hogar que aguarda, en el fuego de la chimenea en invierno, en el olor de las flores junto a la ventana, en el sabor amargo del café de las mañanas, en la calidez de otro cuerpo en la cama. Cuando piensa en eso, el errante deja de ser un errante y se convierte en un buscador, ahora desea encontrar el lugar en el que detener su viaje y construir su casa. Y eso me ha ocurrido. Sé que todavía quedan muchas leguas de travesia, pero ya no voy sin rumbo. Ahora me dirijo a casa, donde quiera que esté.